martes, 13 de abril de 2010

poemas del alma 2

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

El corazón Encendido


Vamos a hablar. ¿Dime?, el corazón, ¿está viviendo?¿ o no?

No sé;

el alma junto con el reloj, los ojos de los números del reloj.

Están ciegos.

Y ahora la música no tiene sonido, la luz de la habitación no brilla.

Dime, ¿ahora qué te está pasando?

Estoy hablando con la pena. ¿ Y tú?

Yo con la tristeza

Hablemos, ¿quién cuida de tu alma?

¿Tienes desnudo el corazón?

No estoy demasiado bien,

ese reloj va demasiado aprisa;

después hablamos, ¿quieres?

Vuelvo a ver los rincones del hogar, aquel de mi infancia.

Le pregunto al niño aquel, pero se ha quedado sin voz,

aunque también puede ser que yo esté sordo.

La música se ha parado. ¿O tú la oyes?

¿Me hablas sin voz? ¿Me miras sin ver?

La luz está apagada ¿Tú la ves?

Hablemos. ¿Quién cuida de tu vida?

¿Dónde dejaste el amor? Veo el blanco y el negro de aquella voz,

que escribía con sonidos los recuerdos del espacio y del tiempo.

¿Sabes si el espacio y el tiempo tienen corazón?

Hablemos. ¿Quién te cuida? En ese rincón oscuro el alma se escapa.

De la habitación sale la vida;

no está la música, ¿sabes? En el recuerdo no encuentro la música.

¿Qué música escuchabas tú? ¿La recuerdas?

Hablemos, después de todo lo más importante para mí, créeme, es escucharte.

¿Quién te cuida? ¿Dónde están tus alas? Tan blancas

ya no transparentan la Luz.

Hablemos de la vida, de tu vida.

Pero, ¿quién te cuida? ¿Estás ahí? Pero no estés en ti.

Sentémonos, hablemos.

Vuelve al alma.

Cómo yo le grito a la vida.


En mi alta mar res Navío

Tu amor sin límites yo siento
cuando me tomas una mano
y me silencias con un beso
o en el torrente de la entrega
cuando te das en alma y cuerpo.

Mientras descanso, tú me sigues
a lo profundo de mi sueño.
Estoy vivo porque me amas
y si respiro es por tu aliento.
En mi alta mar eres navío
que me lleva a seguro puerto.

Tu corazón mueve en mi sangre
la poesía y el ensueño.
y sé que el día en que me vaya
hacia la orilla sin regreso,
has de llenar con tu presencia
mi lejanía y mi silencio.












Viento de Ayer

¿Es tu hija, verdad? La he conocido
por la estrella fugaz que hay en sus ojos,
la cabeza inclinada y la manera,
tan tuya, de mirar llena de asombro.

¿Es tu hija, verdad? lo han presentido
-¡desde tan hondo!-
unos vientos callados que dormían
bajo las aguas quietas, en el pozo
de los tiempos perdidos, donde guardo
las hojas que cayeron
de los sauces remotos.

Tiene luz en la frente
-tu misma luz-. Y el gesto melancólico.
Tiene el cuello tan frágil como tú lo tenías
y en el pelo los mismos
pájaros locos.
Tiene un viento de ayer entre los dedos,
y en el rostro...
tu firma escrita
con otra sangre
que no conozco.

La carta que nunca envié...

No sé dónde estás...
y esta carta la escribo,
no por ti, no por lo que eres
Tal vez... por el pasado...
tal vez, por las cálidas y sosegadas horas
que tu locura o capricho
me hayan regalado...
Y si digo locura... no pienso en tu cabeza
frágil, transmutable y voluptuosa,
sólo pienso en los instantes
en que de infernal pasión
parecía tu corazón entregarse,
como deshojando uno a uno,
los pétalos de una rosa.

O tal vez escribo para mí...
escribo para mi corazón,
escribo para mi alma...
o escribo para mis sentimientos
que alguna compensación han de tener
por haberlos feriado a cambio
de vanidad y sufrimiento.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que te quise como mujer,
como un fantasma o como mi amante?
Como mujer Dios te premió
con todos los encantos terrenales;
como fantasma, vagas por la vida,
y tu vida vaga como un fantasma...
y como amante medrosa y sin mañana.
¡Qué dolor decirlo,
pero mi alma fue, para ti, demasiado grande!

¿Sabes lo que es el alma?
¿Sabes dónde se aprende a
vibrar, a gozar y a sufrir
con el dolor, la alegría y la esperanza?
¿No lo sabes? Pero ¿acaso crees que existen
pasajes o tratados donde te enseñen
a amar como hasta ahora nunca has amado?
¿Crees que conociendo a Sócrates, Platón o Aristóteles
tu alma se te ensanche y pueda cimbrar
como la mía te lo ha mostrado?
Yo te digo que no.

Cosas como éstas, sólo se aprenden en las entrañas
de la madre que nos concibió
y mi madre me dió una esencia
tan desaforada que para amarte
¡Mucha alma me sobró!

Perdóname por esta carta,
aunque sé que nunca la enviaré.

Primero porque no sé... dónde estás
y segundo, porque después de amarte tanto,
el alma que te escribe no te quiere ofender.



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les envio un beso
edith